ZODIACO, TERAPIA Y PATERNIDAD --------------------------------------

Pepe Valero (2017)

Podemos describir la carta astral como la Figura que surge del Fondo cósmico y que representa a nuestro sistema solar en un lugar y momento determinados. La creencia astrológica nos dice que ese mapa natal muestra la ubicación astronómica del Sol y la Luna junto a la de los demás planetas, en las distintas constelaciones (desde Aries hasta Piscis), así como sus relaciones angulares y las casas por las que se distribuyen. El mapa está levantado en el momento mismo de la primera inspiración de la persona a quien simboliza y se dibuja mediante simples cálculos astronómicos. Sin embargo, el axioma zodiacal afirma que tal cartografía tiene que ver con nuestro destino y que su acertada interpretación nos ayuda en nuestro proceso de autorrealización consciente. Obviamente esto repele a nuestra razón….”y sin embargo, se mueve” como dijo Galileo tras su obligada abjuración. En cualquier caso, el “culto a los astros” es milenario y generalizado en todas las culturas de la historia humana y fue el núcleo seminal de la espiritualidad. Analíticamente nos ayuda en la comprensión de este misterio la visión jungiana de la sincronicidad y la ley del conocimiento hermético de “como es arriba, es abajo, como es adentro, es afuera..”. Ambos modos de contemplación intuitiva de la realidad defienden que existe un nexo esencial de identidad entre el Ser como Todo y su expresión como Ente, como parte, al encarnarse materialmente en una temporalidad/espacialidad sincrónica. Esta intuición unitiva muchos la hemos sentido inapelable y inextricablemente en estados de consciencia alterada donde sentirse parte del Todo diluye amorosamente la neurótica escisión de las partes sin necesidad de explicaciones autorreferenciales. Comparto sucintamente lo que yo me digo para sostener suficientemente mi “fe” en la astrología arquetípica. El Fondo cósmico es el Ser, la Energía, Dios o el Todo Tao, como queramos denominarlo. De este FondoSer procedemos espiritualmente al encarnarnos como seres humanos. El lenguaje simbólico del mapa natal representa nuestro despliegue energético de autorrealización, en esta encarnación, según los patrones arquetípicos de los signos astrales, los planetas, las casas, los aspectos y, kármicamente, de los nodos lunares. El decodificador fundamental para interpretar esta cartografía esotérica es la consciencia. La ausencia de ésta produce destino como en terapia decimos con el carácter. Los acontecimientos críticos pueden ser ocasiones de auto-despliegue consciente y/o de resignación neurótica. Llegados a éste ámbito del despertar consciente y del esfuerzo que conlleva, ejerzo de “pontifex” intentando sugerir nexos de unión entre las orillas de la terapia y la astrología, aprovechando y nutriendo el nuevo reverdecer que se está produciendo en las psicoterapias, integrando visiones (transversales) muy diferentes de la realidad, arquitectura en la que la gestalt, afortunadamente, siempre anduvo muy vigorosa. En la citada polaridad consciencia/destino, la orilla que a la astrología corresponde queda suficientemente bien asentada en el desarrollo que posteriormente realizo del ciclo zodiacal a propósito de ilustrar la función paterna asociada al astro solar. Lo hago al modo tradicional de los 12 signos aclarando que el contenido, el meollo de esa estructuración clásica –muy devaluada por el uso y abuso exotérico y comercial- está expuesto desde una perspectiva muy actualizada que integra aspectos emocionales, psicológicos y espirituales. Didácticamente esa estructuración en doce campos, definidos por la posición zodiacal del Sol, es la que mejor permite la conexión del lector con lo escrito puesto que todos tenemos conocimiento de nuestro “horóscopo” y ello crea un nexo de “atención personalizada” que es de agradecer. La vulgarización mercantilista y de juegos de omnipotencia que los astrólogos ejercen con su uso de la astrología –y el natural prejuicio que ha creado- no he querido que interfiera en mi trabajo. Este ha consistido esencialmente en integrar en una visión dodecaédrica -al modo de Poincaré- el despliegue de la energía consciente del ser humano según patrones arquetípicos representados por el mandala zodiacal. Son muchas y variadas las resonancias teóricas y prácticas que me vienen. Si hablamos de metodología, en todo el desarrollo que realizo de la “orilla astral”, las polaridades quedan claramente resaltadas. La polaridad Yo/Tú en el eje Aries/Libra; la polaridad Tener/Poseer-Transmutar en el eje Tauro/Escorpio; la polaridad comunicacional de Análisis/Síntesis en el eje Géminis/Sagitario; la polaridad de hogar, familia, raíces/trabajo, profesión, éxito mundano o, dicho más sintéticamente, la polaridad ánima/ánimus en el eje Cáncer/Capricornio; la polaridad Ego individual/Ego colectivo, en el eje Leo/Acuario y, finalmente, la polaridad perfeccionista, ordenancista/intuitiva, sublimatoria, diluyente en el eje Virgo/Piscis. Si nos referimos a mecanismos neuróticos, también hay paralelismos significativos. Sucintamente, la conjunción astral (dos planetas, o más en angulación de 0º) alude a la confluencia, que puede ser nutritiva o tóxica, según la armonía o la tensión que se crea. Las oposiciones planetarias (angulaciones de 180º) tendrían relación con el mecanismo de la proyección, al igual que las cuadraturas (angulaciones de 90º) señalarían retroflexión. La introyección, y su calidad energética, vendría señalada por la luna y por el sol, su “dignidad astral” y sus aspectos relacionales, pudiendo referenciarse el tipo de fijaciones neuróticas que posiblemente se han cristalizado y en qué ámbito experiencial. Usando la taxonomía del eneagrama, los distintos aspectos y elementos de juicio zodiacales señalarían a subtipos de conservación en las energías saturno-lunares, a subtipos sociales en las energías asociadas a Júpiter/Mercurio/Venus y al subtipo sexual en las energías marciano-solares. La resonancia isomórfica de la carta astral complica la simplificación didáctica de las múltiples variables que la combinación de todos los elementos del mapa natal conlleva. Valdría tan sólo con citar, como ejemplo, los ámbitos simbólicos que implican a la luna, al sol y a saturno y que señalan, certera y misteriosamente, heridas nucleares de la persona, por cierto no siempre únicamente biográficas. Hay también paralelismos simbólicos más concretos que a la vez están pendientes de análisis comparativos más prolijos y profundos. Por ejemplo el que se da entre la energía Leo y el eneatipo 2 o entre el rasgo 8 y el signo de Escorpio, o el aroma común en su rigidización entre Capricornio y el tipo 1 o entre el rasgo 7 y Sagitario respecto a su común “idealización feliz” de la realidad. Soy consciente de la simplificación (absolutamente respetuosa) que realizo al aludir o comparar el eneagrama y los elementos zodiacales. A la vez que la señalo, creo también que el riesgo merece la pena como buen indicio propiciador que ayude a seguir creando espacios integradores al servicio de la consciencia responsable y sostenible. A fin de cuentas, desde mi propia visión de la astrología, realizar “mi destino” conscientemente, conlleva estos ámbitos creativos desplegando mi sol en Aries y mi ascendente Sagitario. Una peculiaridad esencial de la astrología psicológica y su visión arquetípica es que (una vez abierta la consciencia a su mensaje) nos ayuda sobremanera a liberarnos de la sobre-identificación que (como partes del Todo) realizamos con el Ego/Yo individualista, perdiendo la visión holística que nos devuelve a nuestro Ser. Desplegar y realizar lo que nuestra carta simboliza nos da auto-aceptación suficiente y sostenible. Ahora bien, este es el arte máximo y en terapia también el máximo peligro. La tentación omnipotente –sarampión que bien conozco- puede llevarnos de acompañar al cliente en su proceso, a diseñarlo/interferirlo, utilizando prejuiciosamente la información zodiacal. Personalmente mi trayectoria y vinculación con la astrología es conocida por las personas que acompaño al estar referida en Internet. En consulta, hago proceso durante mucho tiempo antes de integrar el simbolismo astrológico y como gestaltista también me permito ajustes creativos, si vienen al caso, en función del propio vínculo terapéutico. No obstante, este aspecto propedéutico del uso y abuso de los códigos éticos y axiológicos requiere mayor reflexión y espacio.

La explicación simbólica y el análisis particular de la función paterna en cada signo zodiacal ha de reducirse a la interpretación psicológica del Sol que es lo que popularmente conocemos como ser Aries, Tauro, etc. El Sol simboliza en astrología el Yo consciente, la energía vital, la voluntad, la evolución, la autoafirmación, el ego y su autoridad, la creatividad, el éxito, la espiritualidad… etc. También simboliza al padre arquetípico aunque el modo en que se ejecuta la función paterna viene indicado por la armonía o tensión que el Sol de cada mapa natal mantiene con los demás elementos de juicio astrológicos, fundamentalmente con Saturno y Júpiter; el primero, como indicador de la función paterna normativa y el segundo, como símbolo de la paternidad generosa e integradora. Dejo al margen todo lo relativo al eje MC/FC y la casa 5ª. Por otro lado, entiendo la función paterna, desde la dinámica astrológica, como aquella que permite, avala y sostiene presencialmente el proceso de individualización personal, consistente esencialmente en el desapego progresivo del Yo infantil respecto de la confluencia materna (la luna), para integrar e integrarse en el mundo circundante de la mano protectora de la figura paterna (el sol). Esta función nutre de orden y estructura, autoriza y limita, sostiene y se sostiene, ayudando a que se mantenga el sentido de la vida en los hijos ante su encuentro con el mundo, con los demás y lo demás. Vayamos a una sintética descripción arquetípica de los signos zodiacales, necesaria para entender la función paterna.

ARIES simboliza la fuerza germinal de la Vida, el amanecer del Ego tras su disolución previa en la psique colectiva de Piscis. Esta impronta de pionero existencial es la marca de la casa para el arquetipo Aries. Su necesidad básica es la autopreservación de la vida que lucha para estructurarse y consolidarse. “Yo soy búsqueda de ser” podría ser su consigna. Las capacidades intelectuales, emocionales e instintivas, están al servicio de la propia fuerza existencial. Necesita la autorreferencialidad permanente como fruto de su lucha vital. Es protector y generoso, entusiasta y emprendedor, independiente y decidido, más inclinado ainiciar procesos y esfuerzos que a obtener resultados y recolectar frutos. El núcleo de la energía que mueve y que necesita asimilar, para su propia autoaceptación, es la consciencia de un Yo confiado y fuerte en su capacidad permanente de confrontar y conquistar cualquier situación que se presente. Logrado el reto, celebra poco la victoria, seducido nuevamente por otra tarea que le permita sentir su fresca y espontánea vitalidad. La persona Aries –el Sol en este signo- necesita contactar suficientemente con este fondo arquetípico e integrarlo en su carácter como aliño esencial de su autoestima y seguridad básica. El patrón arquetípico ariano se basa en la expansión y la iniciación de procesos como modo experiencial de consciencia por lo que la receptividad y los límites no sintonizan con su esencia al igual que los cierres y el asentamiento de procesos. La relación de Aries con la paternidad está teñida de la misma impronta nuclear de esta energía zodiacal. La búsqueda impulsiva de la propia autoridad suele depararle episodios de confrontación con el propio padre, siendo en la juventud lugar común de los arianos la pelea rebelde con cualquier autoridad salvo que medie admiración y la autoridad admirada sea paciente y de buena cintura actitudinal ante los inagotables regates de esta energía flamígera. Como padre, no es raro que Aries pague el precio de su imprudencia reflexiva con paternidades precoces que dan lugar a fracasos en sus primeras parejas. El divorcio, doloroso y liberador, suele ser la salida para romper ataduras simbióticas. Esta experiencia de fracaso, dolor y culpa suele ser el crisol que transforma profundamente a Aries en la resonancia empática a través de sus hijos, tras etapas de autoritarismo y confrontación. Pero aquí ya estamos integrando en el mandala zodiacal al signo de Libra, su polaridad complementaria y el de Tauro, la energía sucedente donde Aries descansa y fructifica.

TAURO simboliza la energía receptiva que asienta y materializa la creatividad ígnea de Aries. Los “espermatozoides arianos” alcanzan el “óvulo taurino” generando la vida orgánica. Hay disfrute sensorial del cuerpo, quietud y goce de la naturaleza y de su belleza. El logro y el fruto del esfuerzo tenaz y asentado le garantizan un hedonismo sensual y un realismo práctico que materializa valores y procesos de autopreservación y acumulación energética. La vida es metabolizada por un Yo posesivo, paciente, templado, estable y concreto. El tempo es lento, los procesos encauzados alcanzan sin prisa su meta, sin distracciones ni idealizaciones vanas. Sostiene, nutre y protege sus emociones, sus ideas y sus posesiones incluyendo éstas a pareja e hijos, padres y hermanos así como casas y dineros. Su realismo estoico le permite confrontar, serena y tenazmente, los problemas existenciales en busca de estabilidad y quietud material y emocional. Satisfecho, desarrolla una gran sensibilidad artística y sabe disfrutar con todas las cosas buenas y bellas de la vida que suele atesorar y a las que se apega intensa y rígidamente. También es generoso en compartir cuando así lo decide tras lenta y sosegada rumia reflexiva. Raramente se destempla pero cuando lo hace es un terremoto con tsunami asegurado…y requiere largo tiempo y espeso silencio calmar su ánimo. La función paterna la realiza con estable dedicación y calidez. Las normas y los límites van implícitos desde el inicio de la crianza y tiene paciencia y tiempo para atender a su prole. Gusta habitar su nido familiar –en propiedad, por supuesto- con ambiente tranquilo y armonioso, sin estridencias ni tensión. Satisfecho, es juguetón, sensual y amante del contacto con la naturaleza y la música, amores que suele contagiar experiencialmente a sus hijos. Su rigidez obstinada puede dar lugar a episodios tiránicos si algún hijo se pone en peligro contraviniendo con sus actos el orden y la autoridad de Tauro en su familia. Finalmente, al igual que a Aries le complementa Libra (dialéctica Yo/Tú) como signo polar, a Tauro le complementa Escorpio en la dialéctica Apego/Transmutación y le sucede Géminis como energía vincular que deshace la rigidez del apego taurino ante la alteridad.

GÉMINIS desanuda y abre al entorno la unidad completa que simbolizan Aries y Tauro respecto al desarrollo inicial de la vida, unión producida por la fogosa instintividad ariana depositada en la fértil quietud terrenal de Tauro. Esta unidad yang/yin, actividad expansiva/ receptividad acogedora, Géminis la dualiza nuevamente con su aikido dialéctico y vincular que descubre y nomina el entorno inmediato, poniendo en danza las palabras, la comunicación entre lo diferente, asociando nombres y realidad, vinculando las partes entre si y permitiendo el despliegue de lo relacional como interacción jovial y múltiple. Mientras que Aries buscaba autoafirmarse en lo diferente y Tauro homologarlo a sí mismo, Géminis disfruta con la alteridad que le estimula y entretiene creativamente como si de un sudoku infinito y fascinante se tratara. Sin embargo, su curiosidad mental sin fondo es refractaria a la experiencia interna de su propia dualidad oscura no integrada, su mister Hyde desolado, a menudo proyectado en algún hermano o fraternal amigo, y depositario de dolores y traumas biográficos encapsulados, cuya asimilación y sufriente digestión aprendió a postergar con su autohipnotizadora centrifugación intelectual. En la misma proporción en que disfruta con su capacidad comunicativa, con su adaptabilidad y su actualizado mundo informativo, con su plasticidad fraternal para moverse, establecer vínculos…en esa misma proporción, Géminis evita su mundo emocional/instintivo donde arraiga la necesidad interna de entrega y compromiso con el otro, siempre necesario, no prescindible. La ciclotimia es proverbial en el geminiano aunque se cuide mucho de mostrarla más allá de su humor sarcástico, su distanciamiento cíclico e imprevisible y las somatizaciones correspondientes. Respecto a la paternidad, no la buscará convencido. Fluye naturalmente en la fraternidad y será amigo de sus hijos, si los tiene, siendo un entretenido conversador que enseñará de todo a los niños pero sin límites claros ni valores estables y coherentes. Su alergia a dejarse sentir lo que expresa y expresar, sin ambages, lo que siente, y su poca atención a lo corporal/instintivo, conllevan a menudo incoherencia entre lo que dice y lo que hace creando un ambiente de gran permisividad y ambivalencia actitudinal que confunde a los hijos. Sin embargo, puede desarrollar una notable empatía intelectual y estética con actividades múltiples que sacien la curiosidad infantil. La propia refractariedad de Géminis a los vínculos profundos le lleva a no dar tiempo para que las emociones le atrapen por lo que su presencia, a menudo, es impredecible creando desconfianza y vacío en sus relaciones con los demás (hijos incluidos) y consigo mismo. Sagitario, como polaridad de Géminis, complementa y rescata a éste de su nominal vacío vinculándole a la sabiduría de su visión holística e integradora de la realidad, donde la parte pertenece al todo y la vida adquiere el sentido vertical de lo religioso, de lo transpersonal. En Géminis se diluye la triada germinal del Ego abriendo la consciencia intelectual a la energía de Cáncer que simboliza el mundo emocional de la crianza, de la íntima pertenencia tanto hacia la familia, como hacia el pasado y las raíces, especialmente a través de la madre y su linaje.

CÁNCER simboliza el hogar, la familia y su pasado entendido éste como sustrato raigal que implica tanto a los ancestros de la cadena familiar como a los objetos e historia que la conforman. El ego/óvulo (fecundado por la energía ariana y asentado férreamente en el útero taurino) nace finalmente en el nido canceriano, mullido, cálido y seguro, suficientemente decorado y etiquetado por Géminis mientras iba y venía entre amigos, vecinos y hermanos. Cáncer cierra la apertura relacional con lo externo que introdujo Géminis y busca nutrir y ser nutrido en la seguridad simbiótica de la madre, de la familia, del clan, de la pertenencia emocional profunda a la tradición. Hay un aislamiento protector de la familia y su memoria ante lo ajeno. Hay también una búsqueda extrema de la seguridad emocional y de confluencia con la fuente histórica de la que emana. El vínculo umbilical con la madre (y a menudo con la abuela materna, que señala el linaje femenino) es muy primario y a menudo sólo es resuelto con la propia paternidad/maternidad del canceriano. Bien nutrido, nutrirá, y será capaz de resolver la confluencia con la madre saliendo al mundo para la conservación práctica de su familia, a pesar de la renuencia emocional que siente por el mundo exterior, simbolizado por su opuesto polar Capricornio, signo cristalizado en la practicidad del logro profesional y del deber normatizado. Cáncer, aquí, siempre sufrirá los embates de las luchas de poder sobre su profunda intuición y afinada sensibilidad que defenderá acorazándose, “acangrejándose”. En la práctica trata de crear, en el lugar de trabajo, un ambiente familiar donde pueda proteger y sentirse protegido. Renuente a usar sus “pinzas” para defenderse, lo hará contundente y certeramente si es inevitable. Cura sus heridas con una retirada silenciosa y culpabilizante, al igual que puede compartir su infantil felicidad con un humor profundo y discreto. Su imaginación es creadora sin límites y su memoria emocional es fotográfica para el pasado, para los ancestros, para su biografía. Actúa con suma prudencia y sopesada deliberación aprovechando las experiencias vividas y evitando sobremanera el dolor del fracaso, del rechazo. Su hogar es su santuario y su familia su devoción. Ahorra y acumula dinero, ropa, recuerdos, etc. Su salud depende de su estado emocional y éste de su portentosa imaginación que igual se exalta con paseos románticos por la playa con luna llena como se deprime con el desvalimiento y el dolor de los débiles, con los recuerdos melancólicos o con las anticipaciones temerosas. Tarda en arrancar cualquier tarea pero es tenaz e incansable para cerrarla. Respecto a la paternidad es frecuente que compita con su progenitor por la posesión de mamá; a la vez como padre es muy maternal y protector, paciente y nutritivo e incluso genialmente divertido. Su dificultad es permitir el desapego cuando los hijos crecen ya que la natural independencia de su progenie puede llevarle a excesiva preocupación y control neurótico. Este apego confluyente con los hijos se extiende a cualquier objeto, animal o persona con los que, tras largo roce, haya establecido vínculo. Capricornio, anclado en la practicidad presente y futura, cristalizado en la eficacia mundana, es el complemento polar de Cáncer; y Leo, su energía sucedente, es la ventana abierta de par en par por la que entra la luz del ego solar en toda su plenitud, iluminando magníficamente el melancólico y romántico dominio lunar.

En LEO nace finalmente el YO diferenciado, el Yo Soy creativo y estable, fruto maduro de todo el proceso previo de la energía zodiacal. Hemos pasado de la pertenencia confluyente de Cáncer, donde la consciencia es familiar, al Ego leonino consciente de sí, asentado, constante y seguro de su liderazgo, en suma, al hijo único con el que se rompió el molde. En Leo, toda la lucha que el anterior signo de fuego -Aries- realizaba para crear y sostener su Yo, se ha transformado en autoconsciencia creativa, en autoimportancia, en autoabundancia. Como el astro solar en la naturaleza, Leo derrama en la sociedad sus dones sin la mínima duda de que así debe ser. Es el arquetipo con más capacidad y responsabilidad creativa de la rueda zodiacal. Evolucionado, lidera desde su singularidad solar procesos de progreso y logroen sus proyectos, equipos y empresas donde suele ser transparente y generoso de corazón, el órgano que le rige. Centrado y satisfecho cuida y provee a quienes lidera con nobleza y autenticidad como quien es lo que muestra y muestra lo que ya es. Sin embargo, tal ajuste no suele ser habitual por su propio exceso energético –como el del propio Sol astral- que la exacerbada individualidad de Leo puede transformar en orgullo desproporcionado o arrogancia impertinente. Suele decirse que atacado en su orgullo, Leo ruge, al igual que alabado, aplaudido y halagado, ronronea. En Aries primaba la libertad sobre la aprobación externa, en Leo ésta es fundamental pero en modo admirativo. Ciertamente lograrla no conlleva,para este patrón energético, ninguna falsificación interna aunque su tendencia a sentirse superior y su natural teatralidad a veces parecen hacerle representar un personaje sobreactuado. También, al contrario de Aries que inicia procesos a menudo sin cerrarlos, Leo no inicia nada que no tenga el éxito asegurado. Gusta de estar rodeado de “satélites” orbitando a su alrededor. Aristocrático, consume lo mejor y tiene prontos generosos con el dinero. Tiende a organizar y supervisar a todo y a todos y suele irritar sobremanera con su absoluta autorreferencialidad pedagógica y transparente aunque a menudo sin tacto. Respecto a la paternidad, no es raro que no tenga hijos o tenga hijo único. Todas las características descritas son las que ejerce Leo con sus hijos con el añadido de que abusa más de la propia ejemplaridad como medio didáctico. Aquí, en la familia, hay más peligro de manipularle desde el halago así como de irritarle sobremanera con la falta de respeto o dejándole en ridículo, situaciones ambas que desatan auténticas tormentas megalomaniácas por su herido orgullo. Finalmente con respecto a su propio progenitor, Leo mantuvo una difícil ambigüedad entre la admiración y la confrontación. Así le sucederá en su proceso existencial con otras figuras “solares” que puedan hacerle sombra a su autoridad. Todo lo contrario sucede con su regia madre que será una figura central y sobrevalorada. A fin de cuentas no deja de ser la ReinaMadre. Acuario, como polaridad complementaria de Leo, le muestra la fuerza de la individualidad creadora al servicio del colectivo humano, y Virgo, como signo que le sucede, realiza una drástica poda del excesivo Yo leonino al servicio de su propia servidumbre virginiana, tras su completa agenda de racionalidad programada.

VIRGO sucede a Leo como la noche al día. Del exceso de autosuficiencia orgullosa (arrogante, incluso) del autotélico Leo pasamos a la eficiencia detallista y servicial de Virgo, verdadera matriz ordenadora de la energía relacional y solidaria. El arquetipo virginiano prepara, con su retirada del Yo individualista leonino, el encuentro con la alteridad, con el otro, con el Tú que traerá Libra. En Virgo hay apego mental a la perfección racional, volcada ésta en la impecable y detallada tarea, que realiza con pulcro y reflexivo esfuerzo interno. Hay, a la vez, una íntima sobreadaptación emocional (no integrada) desde la exigencia perfeccionista de “estar a la altura”. La instintividad y la calidez empática están bloqueadas puesto que la identidad se asienta en la funcionalidad mental sistémica y sistemática que le da seguridad, a la vez que frustra y limita su espontaneidad lúdica. Vive en exceso para el orden en lugar de aprovecharlo para vivir. Maneja mal la intuición al necesitar, en exceso, su afinado despliegue analítico para cartografiar la realidad. Gestiona eficazmente las dificultades con elaboración lenta, sin improvisar, sin prisa, afinando hasta el último detalle y evitando todo lo superfluo. Su función básica es diseccionar la realidad cotidiana minuciosamente, en sus partes, permitiéndose así su realismo perfeccionista, pausado y controlado. Su mecánico apego al hábito –autojustificado como saludable- rigidiza su calculada espontaneidad. El riesgo aquí es que el árbol impida ver el bosque. Aprender a no resistirse con tanta planificación, le facilitaría un mejor fluir existencial. Sin embargo, es la energía zodiacal más estoica y ajustada en la aceptación realista y objetiva de la realidad; alérgico al autoengaño, asume las dificultades con escéptica resignación: “es lo que hay” podría ser su consigna. Es solidario y discreto, afecto al deber y al trabajo perfecto, con gran habilidad técnica y manual. No se abandona a emociones y es muy selectivo al elegir pareja siendo la soledad del celibato muy abundante en Virgo. Ser útil es su vocación. Ciertamente le “sale de dentro” ordenar el caos, ordenar incluso el propio orden pero es el amigo que friega los platos después de la fiesta, el que siempre está ahí en los aprietos, el que cuida sin hacerse notar, prácticamente sin pedir nada a cambio. Eso si, enderezarán el cuadro imperceptiblemente inclinado y automáticamente su radar puntilloso detectará cualquier fallo ambiental, en el botiquín, en la higiene o en la dieta… Detesta necesitar y quedar en deuda por lo que se refugia, elegante y analíticamente, en su austeridad emocional. Todo lo contrario respecto a quien le necesita verdaderamente con quien se mostrará solidario y eficaz. Sus pocos idilios a menudo son fuente de decepción emocional dolorosa, decepción que le lleva a afinar más el filtro selectivo en sus relaciones, a la vez que se refugia todavía más en el trabajo y la soledad. No es raro que sean muy buen paño de lágrimas en el desamor de personas cercanas, de las que a menudo se enamora sin reciprocidad. Aquí, como en tantas otras ocasiones, la procesión va por dentro y aceptan deportivamente la frustración con calma externa pero con el intestino revuelto. Virgo no anhela la paternidad, probablemente anegado por anticipaciones fatalistas respecto a la responsabilidad y al “desorden rutinario” que implican los niños. Hay también un profundo sentimiento de inadecuación emocional ante tal responsabilidad junto con su visión pesimista de la vida familiar. Ahora bien, si hay hijos volcará toda su escrupulosidad responsable y ordenada en su educación que tratará sea exquisita, tanto ética como estéticamente y, por supuesto, de rango universitario. Tendrá dificultades en expresar y escuchar el mundo emocional de sus hijos, mostrándose rígido a la hora del contacto físico. Él aprendió a resolver sus bajones psicológicos en soledad, autorregulándose en su gimnasio favorito: la centrifugación intelectual. A Virgo le sucede Libra, donde el encuentro con el Otro es la tarea arquetípica; le polariza Piscis, donde el Todo no sólo es más que las partes sino que se transmuta en Nada, en Vacío: el Ego hiperestructurado de Virgo desaparece en Piscis donde entregamos el Control al TodoTao, al Inconsciente Colectivo, al Sí Mismo, a Dios.

LIBRA inicia su ciclo cuando el día y la noche igualan su reinado, en el solsticio de otoño. El sol ha templado su fuerza y su energía se atempera. De igual modo, el individualismo autorreferencial, que simboliza su opuesto Aries, deja paso a la resonancia del encuentro con el otro, al yo codependiente que Libra cultiva desde el diálogo, la empatía y la delicada sensibilidad ético/estética. La racionalidad reflexiva, evaluatoria y perfeccionista es característica de este arquetipo ya que busca la justa ecuanimidad con rigurosodetallismo por lo que suele sufrir parálisis decisoria. Es hábil negociador que consigue lo suyo suavemente, como cediendo. La balanza que representa al signo simboliza el equilibrio energético que Libra alcanza en el encuentro homeostático con el Tú, sabiendo apreciar las diferencias y ayudando al despliegue creativo latente en el otro desde su propio abrirse empático y solícito. El arte de esta codependencia relacional consiste en evitar la propia autorrenuncia por complacer. También no caer en el empecinamiento analítico por tener razón, es otro ajuste necesario para Libra. Cuando lo consigue, este compartir con el otro sin identificarse ni apegarse, dejándose estar en el vacío neutro e indiferenciado, permite a Libra poder integrar mejor la dualidad del tú y el yo, autososteniéndose en la cooperación y atravesando suficientemente la temida confrontación. En cualquier caso, le toca aprender a profundizar en los “bajos fondos” a menudo escondidos bajo hermosas formas ético/estéticas y comprometerse más con su emocionalidad e instintividad, con su cuerpo en suma. Esta actitud le ayuda a desarrollar la sabia intuición que le alivia del exceso de valoración analítica donde acaba enredándose insatisfactoriamente. El equilibrio físico en Libra es delicado. Aunque tiene un instinto básico de cordura que le evita excesos graves, su ciclo de energetización/ desenergitación puede ser muy extremo pasando de la actividad frenética al ocio exagerado. Somatizan en piel, estómago y riñones sobre todo cuando viven intensidades emocionales y acaban tocados en su vulnerabilidad. Heridos, quedan resentidos y buscan el aislamiento en un entorno de paz, armonía y suavidad donde recuperar su debilitada energía. Mide milimétricamente las consecuencias de sus decisiones que toma tras sopesar todos los detalles, sin simplificaciones ni generalizaciones, siendo refractario a urgencias o impulsividades a la vez que puede quedar preso de su imparcialidad paralizante. Cuando Libra ha tomado una decisión es coherente y operativo, asertivo en su ajustada ejecución que realiza a su ritmo. La tensión físico/agresiva le puede hacer estallar puntualmente sobre todo cuando ya no encuentra regate dialéctico. Como padre Libra será atento y delicado, con gran atención al orden y armonía domésticas, siendo especialmente cuidadoso con lo relacional entre los hermanos, de manera que no se creen situaciones injustas ni de abuso. Su autoridad es tranquila y su disciplina muy razonada y tendrá seducidos a los niños con su suave presencia, a la vez que también estarán hartos de sus interminables disquisiciones. Al igual que no desea la paternidad con rotundidad (aunque la experiencia cuando llega le llena) si siente un vínculo muy especial con su pareja siendo esta relación fundamental para Libra.

ESCORPIO sucede a Libra y el encuentro con el otro complementario, desde la empatía y sensibilidad mental libriana, se convierte en fusión emocional entre energías antagónicas. En esta fase arquetípica escorpiana transcurre la primera experiencia de muerte del Yo cuya consciencia separada deja paso al sentimiento profundo de fusión emocional e instintiva con el Otro, vivida con intensidad dramática. Esta unión acontece fundamentalmente en el ámbito sexual donde la vivencia simultánea de vida/muerte gratifica al ego escorpiano. Con esta misma intensidad Escorpio vive también el dolor y la injusticia de la vida, necesitando a menudo el ajuste “justo”de la venganza, tras la cual surgen culpa y resentimiento. La complejidad psicoemocional de Escorpio es un misterio difícil de compartir con el otro e incluso consigo mismo. Su autoconsciencia es magnética y sienten su sombra y la del otro con certero olfato. Sanarse pasa por transformar su sentido del poder posesivo y de la justicia vengativa para transmutarlos al servicio del Amor y la Justicia (valores ya integrados en Sagitario, el signo que le sigue). Pasa también la salud de Escorpio por ceder en su apego al control emocional que, reservada y lentamente, tan implacablemente practican. Ciertamente, todo debe morir y descomponerse para transformarse en nueva vida, y esta dinámica nuclear Escorpio la siente con intensidad dramática, con sufriente lucidez e intuición, con placer y con dolor biográfico. No es extraño que desarrollen una voluntad de poder, agresiva y competitiva, física y psicológica, con gran autocontrol y estrategia. Su sombra, con la que combate permanentemente, se nutre de esas energías abisales. Del Escorpio primario podría decirse que está poseido por sus vínculos de posesión y control. A la vez su propia capacidad de transmutación puede sanar sus heridas (siempre de muy larga convalecencia)ayudándole así a desapegarse y a desarrollar su intuición magnética y compasiva en el encuentro. Este poder de autosanación le sirve para acompañar a otrosen la travesía de sus infiernos gracias a la sabiduría adquirida en su largo y tortuoso proceso autorreparador. En Escorpio la matriz nuclear biográfica está teñida, a menudo, de dolor, rabia, miedo y confusión por la vivencia infantil respecto a la intensa relación de amor/odio de sus padres. No es raro que hubiera un antagonismo feroz y sin solución en la dinámica parental que pasaba del deseo pasional (que engendró al niño) al odio visceral. Esta vivencia deja huella intensa y no es extraño que la vida se perciba trágicamente. No hay solución integradora al dualismo eros/tanatos, vida/muerte, luz/sombra, apolo/dioniso hasta que la consciencia se vuelve transmutadora y descubre que el Amor está detrás de toda lucha, de toda neurosis, incluso por encima de la locura parental. Escorpio ha de integrar también la pelea entre su hambre de libertad y su intensa compulsión posesiva. Tocar fondo de verdad (a menudo tras experiencias profundas y dramáticas) le ayuda a integrar, a aceptar que la pérdida es inevitable y que el apego, el control y la posesión garantizan el dolor y el conflicto. El bálsamo taurino (su energía polar) de saber disfrutar hedonístamente de lo propio, calma las heridas escorpianas. Sin embargo es muy complicado no defenderse del abrumador fondo abisal que siente Escorpio en sus tripas. Teme ser destruido por esa energía primaria –ya sucedió en su infancia- y se defiende con el poder de la pelea, con intensidad y fuerza instintiva. Entregarse a la nueva vida/semilla que retoña debajo del humus/dolor compostado por la consciencia amorosa(no fragmentaria), esa es la salida final de Escorpio. La energía que desarrolla esa semilla la llamamos Amor y Sagitario es el arquetipo que la despliega como Sabiduría y fruto de esperanza para el ser humano. La paternidad escorpiana es severa y realista en la educación de los hijos. Educa en coherencia con valores de autorrespeto, esfuerzo y disciplina. Protege sin tasa cuando es necesario, buscando a la vez la propia autonomía del hijo. Muestra la vida como es, siendo un guía firme y confiable que nunca cede la autoridad. En etapas difíciles, puede ejercer un excesivo control invasivo sobre la vida de sus hijos dificultando notablemente la relación. Sin embargo, con el tiempo, las lecciones que tan duramente aprendieron les serán de gran utilidad.

SAGITARIO surge de las profundidades oscuras de Escorpio con hambre de luz y de nuevos horizontes. El centauro Quirón (con su doble naturaleza humana y animal, con su incurable herida en cuyo cuidado aprendió el arte de la sanación ajena) es la imagen mítica que representa a este arquetipo zodiacal. Prima aquí la idea y el pensamiento filosófico sobre los hechos y la materia. Hay una ilusoria sensación de “no límites” que nace de la idealización de la vida y de la muerte. Empatiza por lo lejano, lo que le lleva a alejarse de sus orígenes, de su familia. Es un buscador de sentido, desde creencias y conocimientos que imprimen valor y dirección al sufrimiento humano. Es un guía en su capacidad intuitiva por religar e integrar significados que lo impulsan y trascienden. Tiene gran capacidad para sintetizar e integrar las diferencias y percibir la espiral de sistemas energéticos que componen la vida, cada vez más complejos e interconectados unos en otros, en perfecta resonancia y sin apego recíproco. El aprendizaje sagitariano pasa por la inclusión, por la confianza y la entrega a lo que está más allá de nuestras identificaciones. Hay anhelo por conectar e integrar niveles diferentes de la realidad, entre lo cotidiano y lo universal, entre lo particular y lo colectivo, entre el cielo y la tierra. Esta actitud conectiva, que ampliamente enseña Sagitario desde su necesidad didáctica, produce en él una gran vitalidad contagiosa que comparte generosamente en forma de ideas, creencias y generalizaciones didácticas. A la vez que sostiene sus ideas de abundancia, confianza y positividad en la vida, tiende a negar los aspectos oscuros de la realidad. Es un idealista psicológico que sucede al irresoluble conflicto escorpiano del que escapa con su “buenismo” salvador, que obvia la complejidad de lo real. Sagitario es un buscador del sentido de la existencia a través del conocimiento vertical, trascendente. Gusta ser guiado por maestros y luego poder guiar él a otros. En su viaje aprende a ser tolerante con las diferencias y con las limitaciones. Su sabia intuición busca descubrir la matriz esencial de lo diferente, el patrón energético integrador de lo múltiple, el común denominador entre lo cotidiano y lo lejano. Cuando ya “saben” son capaces de transmitir su enseñanza con profundidad y entusiasmo. Hay entrega al sentido de la vida y acaban integrando internamente lo que idealizaban fuera. Del “no hay problema” neurótico han trascendido al “todo es para bien” del Amor consciente. Respecto a la paternidad, Sagitario se lleva mejor con los niños cuando crecen que cuando son bebés. En su propia infancia no es extraño que tuviera alguna enfermedad o limitación física, una herida profunda que le ha marcado traumáticamente. Aprendió a escapar del cerrado mundo familiar con juegos y viajes. Esta misma actividad le creará un divertido vínculo lúdico con su progenie. Respecto a la comunicación, la sincera franqueza que usa –a veces inoportuna e invasora- le puede deparar momentos de incomodidad y molestia a los hijos y demás personas de su entorno. No tolera la mentira y se molestará si no hay transparencia y confianza para comunicarse. En el enfado surgirán auténticos sermones admonitorios. Tiene dificultad para ser discreto por lo que difícilmente logrará la confianza de su progenie como receptor de secretos. Sin embargo, una vez crecidos los hijos habrá encuentro profundo y reparador con el padre Sagitario.

CAPRICORNIO representa la energía del “status quo” social en el que habita y al que incluso tutoriza. Tras la etapa de horizontes abiertos e idealismo de Sagitario, Capricornio simboliza el esfuerzo y el sacrifico del “debería” para lograr eficazmente sus ambiciones y proyección social, sin prisa ni desánimo, sin “ilusiones” ni atajos, sin interferencias emocionales. Con su pesimismo realista, no admite influencias que le aparten de su camino y de sus metas. Su agresividad es tenaz, controlada. Sabe aprovechar discretamente oportunidades y personas para progresar. Es ambicioso, serio y disciplinado en su profesión y en su búsqueda irrefrenable de reconocimiento social, a través de la estructura laboral en la que está integrado. La autoridad –interna y externa- marca su camino. Su sabiduría es práctica y convencional. Busca ser indispensable para tener el control como poder a la sombra. No muestra sus necesidades emocionales y es selectivo en sus relaciones a la vez que tradicional y cuidadoso con las normas de convivencia. Sus valores los demuestra con hechos lejos de la abstracción sagitariana. Todo acaba siendo un trabajo. Sabe ser abnegado y postergar gratificaciones inmediatas. Detesta depender y entregarse a la emoción, que está cristalizada, disciplinada. Su sentido extremo de la autoridad le hace caer en juicios implacables consigo mismo y con los demás, lo que le deja solo y cargado de responsabilidades para el logro de sus objetivos. Teme la improvisación, lo desconocido, por lo que todo está hiperplaneado, sin prisa, sin apoyo externo del que desconfía. En su infancia hubo apoyos fallidos y abandono, atravesando situaciones traumáticas que le obligaron a afrontar, en soledad, miedos y límites. Aprendió así a no evadirse ni fantasear respecto a ideales puesto que “todos acaban por derrumbarse”. Su apego por la norma y la planificación acaba congelando lo que “es” en lo que “debe ser”. Suelen demorar la paternidad a la espera de la madurez perfecta para cumplir con absoluta responsabilidad aquello que su progenitor no cumplió con él. Como padre,su falta de espontaneidad emocional le vuelve frustrante y rígido. Es lo opuesto a la simbiosis nutridora de Cáncer, su signo complementario. Su presencia es desde el deber y la norma. Enseñará a sus hijos que no hay que quejarse, que hay que atenerse a los hechos y que, para tener éxito y evitar el fracaso, hay que ser disciplinados, eficaces y operativos. Sin embargo, la paternidad es su mejor ocasión de sanar su corazón herido. Aflojarse y dejarse estar en la crianza, en lo amoroso protector y facilitador de la salida del niño al mundo, le ayuda sobremanera a resolver el dilema deber/querer y a curar el viejo abandono paterno sin sostenerse en la patriarcal idea de la autoridad perfecta y absoluta que todo lo controla. Aprende a aceptar y confiar en lo que hay, en su perfección y contradicciones. Implicarse en la vida vibrante de sus hijos libera su instintividad y su espontaneidad creativa. El diamante, bellamente tallado, es la imagen apropiada para la creatividad capricorniana ya liberada de la autopersecución del “debería” normativo.

ACUARIO sucede a Capricornio diluyendo la rigidez cristalizada de este arquetipo zodiacal. Mientras Capricornio simboliza la culminación estructural del proceso social al estar vinculado a las instituciones de poder, Acuario abre caminos desde su apego a la libertad y al futuro, renovando la percepción humanista de lo social, liberando a la energía del “status quo” y permitiendo así el fluir de la autorregulación sistémica. Acuario sueña con un mundo colectivo y libre, lejos de las tradiciones patriarcales. Completa la evolución del YO al socializarlo en el NOSOTROS de la sociedad global. A la vez, en este arquetipo, hay tensión interna entre singularidad y pertenencia, tendiendo más a participar en procesos que a identificarse con los numerosos grupos a los que se vincula. Apuesta por la autoridad libre y progresista capaz de renovar las normas y leyes sociales que sofocan la creatividad espontánea e imprevisible del ser humano. Su identidad es relacional, interactiva, de redes sociales. La autoridad tradicional no le impresiona. Es honesto, solidario y solitario (por ciclos), con una mente que todo lo analiza fría y serenamente, obstinado con lo que cree a la vez que muy tolerante con lo que discrepa. Camina libre de ataduras del pasado, de la historia y no es extraño que haya vivido muchas experiencias imprevistas: cambios de casa, de colegio, golpes económicos, muertes, encuentros singulares, etc, para las que no hubo tiempo suficiente de reflexión, de digestión y respuesta madura. Todo esto le ha enseñado a no aferrarse a planes rígidos y a permitir el libre fluir impredecible de la vida, siempre al borde del caos, de la excentricidad. Todo lo opuesto a Capricornio, el gran planificador. La paternidad no es un ámbito que Acuario busque integrar en su vida. Cuando llega, Acuario se convierte en un padre muy participativo con su creatividad sorprendente de hábil “manitas”. La relación con sus hijos nunca será aburrida a la vez que les hará partícipes –lúdicamente- de sus ideas sobre el bien común, la independencia y la fraternidad. Emocionalmente es más bien un padre frio y despegado, al que la intensidad emocional, la expresión profunda y corporal de lo que siente, puede disociarle. Acuario funciona muy bien en lo fraterno pero le cuesta la entrega a compromisos emocionales que limiten su libertad, su alma de buscador tras el futuro solidario, tras la nueva creatividad por emerger, tras su utópica Ítaca donde no hay ombligos egotistas ni autoritarios.

En PISCIS el Yo se disuelve y sus mecanismos de defensa se relajan notablemente. Hay fusionalidad relacional donde los límites no existen, donde todo es posible yTodo está vinculado sin exclusión ni estructuras. El lenguaje es onírico, metafórico, intraducible al intelecto lineal. Hay contacto osmótico –sin cuajar- con el Inconsciente Colectivo.

Piscis se opone a la diferenciación, a la individualidad. Su sensibilidad registra patrones y dimensiones energéticos que la cultura cotidiana margina. El ego ya ha realizado su despliegue completo en los once signos anteriores: el proceso de individualización desde Aries a Leo, el de socialización desde Virgo a Capricornio, el de universalización colectiva en Acuario. En Piscis se da el cierre del mandala energético zodiacal con la entrega del alma a algo superior, al Ser, al Tao, a Dios, a lo transpersonal, donde ya no hay dualidad sino profunda unidad simbiótica.

Ciertamente la tarea pisciniana es sobrehumana en medio de un mundo humano, “demasiado humano”. Quedarse a medias en este proceso causa una fractura muy dolorosa en Piscis, entre su utópico mundo holístico y el de la realidad consensuada en la que habita. Esta íntima escisión le lleva a aferrarse a la realidad formal, polarizando y negando su patrón energético esencial. Así ha de atender y calmar su mundo interno, hipersensible e intuitivo -incompartible salvo en su propio lenguaje simbólico- y a la vez debe desarrollar una personalidad de encaje en lo mundano/cotidiano. A menudo sus ajustes neuróticos para conseguirlo pasan, cíclicamente, por simbiotizarse, polarizarse, aislarse, etc buscando vincularse a formas de realización social en la pareja, el trabajo, las creencias, personas, etc.

En su biografía peculiar no es extraño el desorden, la ambivalencia, los límites nada claros que producen gran confusión y que suelen generar situaciones y vivencias misteriosas e inexplicables que la persona pisciniana trata de metabolizar con registros intuitivos, sin traducción al lenguaje comunicacional al uso. No es raro que en su intento de compartir todo esto se le acabe señalando como “bicho raro”. Esta prejuiciosa incomunicación que sufre da lugar a la cristalización de su percepción interna, a la que aprende a renunciar cultivando la racionalidad excesiva, la actividad continua para sentir así la suficiente integración social logrando -a veces- su dosis de brillo y éxito mundano. No es raro que escape de esta angustia existencial recuperando su magia interna, su sensibilidad artística y soñadora, en etapas de soledad y silencio. A diferencia del “aikido” energético de Libra, en su encuentro cooperante con el otro, Piscis cae, a menudo, en la confluencia simbiótica, sin evaluación reflexiva, lo que le produce gran confusión y dependencia a la vez que pasotismo y acidia existencial.

El camino en Piscis puede llevarle, a través de su profunda receptividad intuitiva y de su excesiva sugestionabilidad, por muchas sendas y selvas: pasividad y victimismo, ambición social con éxito y reconocimiento, fantasías escapistas, platonizaciones románticas. Y, sin duda, su auténtica autorrealización lo llevará a un proceso espiritual profundo donde integrar su capacidad psíquica (“fotosintética”) hacia la luz y la sombra humanas, mediante trabajos de abnegación y compasión al servicio de los desafortunados.

El aprendizaje de Piscis pasa también por canalizar el “chapapote” energético del yo individual, ya diluído, y transmutarlo en abono de energía holística, compasiva y esperanzadora para la humanidad. En este postrero “útero cuántico” de Piscis se reanuda el eterno retorno del mandala energético universal, con el nuevo renacerque simboliza Aries. Como padre, en sus buenos momentos, es divertido, imaginativo, amante de la música, del teatro y de la naturaleza, sobre todo el mar donde le encanta navegar, bucear, pescar. El orden y los límites no serán su fuerte, sin embargo, su corazón compasivo se abrirá de par en par ante las inquietudes y problemas filiales, sin juicio ni reprimenda. Y, por supuesto, sabrá escuchar y estimular sus sueños y su creatividad, aprovechando su portentosa imaginación que contagiará mágicamente a sus retoños.

BIBLIOGRAFÍA

- LOS LUMINARES de Liz Greene y Howard Sasportas, Editorial Urano.

- RELACIONES HUMANAS de Liz Greene y Howard Sasportas, Editorial Urano.

- EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD de Liz Greene y Howard Sasportas, Editorial Urano.

- LA DINÁMICA DEL INCONSCIENTE de Liz Greene y Howard Sasportas, Editorial Urano.

- ASTROLOGÍA Y DESTINO de Liz Greene, Editorial Obelisco.

- LOS SÍMBOLOS DEL HORÓSCOPO de Robert Hand, Editorial Urano.

- LOS ASCENDENTES EN ASTROLOGÍA I Y II de Eugenio Carutti, Editorial Kier.

- MANUAL DE INTERPRETACIÓN ASTROLÓGICA de Stephen Arroyo, Editorial Urano

- GUÍA DE ASESORAMIENTO ASTROLÓGICO de Bernard Rossenblum, Editorial Kier.

AUTOR
Pepe Valero, gestaltista, segunda promoción de la EMTG, miembro fundador de Bitácora, terapia gestalt, fundador y expresidente de la Asociación Astrológica Madrileña (1995).